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Dicen, cuentan, argumentan, sostienen que el teatro como manifestación artística nació en la Antigua Grecia allá por el siglo V antes de Cristo. Y entendido como un grupo de actores que se reunía con el propósito de representar una obra, previamente escrita, y hacerlo en un escenario, con un patio de butacas, al que se accedía previo pago de un cierta cantidad, ya en metálico, ya en especie. Desde entonces ha pasado tiempo y en esencia el arte escénico no ha cambiado nada en la práctica, afortunadamente. Uno de sus máximos pilares es mantener la tradición de mostar,  ya con humor, con ironía con sarcasmo, con atrevimiento y en muchos casos con osadía la realidad que nos rodea, que a veces es maravillosa y acogedora, pero en la mayoría de los casos, se muestra trágica, cruenta y despiadada.

En muchos lugares, incluso en los autodenominados democráticos, es decir, aquellos en los que se puede pensar , crear, manifestarse y expresarse de manera distinta del gusto y parecer de la mayoría, ir contracorriente no tiene buenas consecuencias. Y un máximo ejemplo y exponente de ello es el nuestro, donde la Iglesia, La Milicia, la Oligarquía, el Capital, el Nacionalismo de barretina, con su ansia insaciable de poder en pocos momentos de nuestra historia han dejado  escasos huecos y rendijas a la Libertad. Hemos sido, somos y probablemente, sino lo remediamos, seremos un país fundamentalista, donde a la nota discordante, en lugar de apoyarla, aplaudirla, o al menos respetarla, se pretende hacerla callar de inmediato.

Una víctima y testigo, que ha padecido en carne propia las consecuencias de retratar en el escenario a los poderosos ya descritos e identificados, ha sido Albert Boadella, acompañado durante más de cuarenta años por Els Joglars y últimamente, ya en solitario, como director de Los Teatros de El Canal de Madrid. Y siempre lo ha hecho con sarcasmo, con ironía y  valentía, que  en un caso acabó en un consejo de guerra, y condena a 6 años de prisión por representar a unos militares borrachos en La Torna. Nuestro bufón mayor del reino, el que se atreve a decir lo evidente, pero que los demás, por prudentes o cobardes callan, acabó con su inseparable Dolors exiliado en un país vecino. Esta migración forzosa significó para Boadella una revelación, una pérdida de la inocencia. Se dio cuenta que los enemigos no eran sólo los defensores del franquismo, si no que estaban también en los que se suponen que habían luchado contra el dictador; que decir la verdad y representarla en un escenario no gustaba ni a propios ni a extraños, a nadie le agrada que queden aireados sus vicios, malversaciones, engaños y corruptelas. El destierro forzoso significó para Boadella verse acorralado, pero consiguió hacer  de la necesidad virtud y alimentó su espíritu con la inquina de los enemigos.

Cuarenta y siete años en el mundo de la farándula es un gran bagaje y Albert ha decidido retirarse porque se ha dado cuenta que el desenlace se acerca y se despide  representando su vida y su obra en El  Sermón del Bufón, que recomiendo que nadie se pierda. Hasta siempre, amic.

el sermón del bufon 3

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4 pensamientos en “Poesía y Música

  1. Tuve la suerte de asistir a la representación del Maestro, un día antes que usted, y como siempre fue extraordinario, mi mayor sueño ya no es ser un bufon, me falta entidad para ello, sino tener el honor de limpiarle las botas al Maestro.
    Para mí don Albert sería como el niño de la fábula del traje del emperador, el único que tiene narices para decirle la verdad al público, y si algunas veces, yo mismo, de forma torpe, he sido ese niño y también me ha caído de todo, pues imagínese él con luz y taquígrafos. Desgraciadamente yo no tengo el empaque del Maestro para aguantar las embestidas de la chusma contemporanea. En todo caso esta penúltima representación, espero, que así sea, es de obligada visión, mientras tanto dejemos al “honorable pueblo” que se siga alimentando de pan y circos. Un beso Viejo Lobo.

  2. Qué curiosa y rocambolesca es la vida! usted se presentó en camerinos para que el Maestro Boadella le dedicara el libro, Memorias de un Bufón, que precisamente es el que utiliza en escena para comenzar su Sermón. Si usted le hubiera contado cómo llegó el libro a sus manos se hubiera confirmado eso que él mismo proclama en escena: La realidad es mucho más sorprendente que la ficción.

    Un abrazo,

  3. Bueno guardeme el secreto, un buen amigo, lo puso a mi disposición por un módico precio. Y este buen amigo con recia sangre castellana, aunque de nacimiento gato, parece más bien un “pérfido calvinista” que diría el también Maestro Arcadi Espada, porque siempre realiza “provechosas operaciones financieras” aunque de modesto estipendio para el interesado, y por otro lado el susodicho siempre pretende, que dado mis “importantes contactos” con el mundo de la farándula, le consiga alguna entradilla para algún “evento cultural”, lo cual hago con mucho gusto. Saludos filofascistas desde el lado oscuro.

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