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Aunque es cierto que en determinadas ocasiones todavía se hacen lecturas colectivas, especialmente de obras clásicas, como las que organiza el Círculo de Bellas Artes de Madrid el 23 de abril de cada año, para celebrar el día del libro, lo más gratificante de leer es hacerlo en soledad. Una especie de duelo entre la obra y uno mismo, huyendo si es posible de las lecturas recomendadas. La relación entre el libro y el lector debe nacer de una vocación, de un vocare, de una llamada, que pone en contacto al solitario con su ángel custodio.

Olvidándonos de tebeos y cómics que todos hemos devorado en la infancia, más adelante llegaron las lecturas, digamos obligatorias, que hicimos en el colegio, donde no faltaban nunca las Rimas y Leyendas de Bécquer, Flor nueva de romances viejos de Menéndez Pidal, o Campos de Castilla de Antonio Machado, todos ellos libros con pasajes inolvidades, como las oscuras golondrinas que nunca volverán, el Romance de los siete Infantes de Lara, o era una tarde triste y polvorienta que padecían los hijos de la mar.

Pero el momento más sublime del lector con el libro es sólo similar al del primer amor. Con ambos tuve suerte, todavía los conservo. El caso de cómo llega ese primer libro a tus manos es en algunas ocasiones anunciado, como resulta cuando en casa hay una biblioteca grande o pequeña y solo es necesario estirar la mano en el anaquel y coger un libro de título seductor, brillante o interesante. En otras el nexo es más rocambolesco, y es así cuando tu hermana muy interesada por la psicología, el surrealismo, el psicoanálisis pedía a vuelta de correo un librito titulado Aprenda a hipnotizar con el que venía de regalo para estimular las compras, una novela de un autor polaco desconocido entonces en España, que iba de frontera, contrabandistas, de dormir al raso y de soñar con el deseo de ser amado, en las peores circunstancias, mientras se mira a las estrellas…

Y dado que  odio a los spoilers, hasta ahí puedo leer… Mi primer libro se titula El enamorado de la Osa Mayor de Sergiusz Piasecki, novela que deslumbró al maestro Cela en su época. Y el último, o mejor dicho, los últimos han sido: Homenaje a Eugenio D´Ors en el décimo aniversario de su muerte a cargo de discípulos y admiradores y de un libro maravilloso del propio Xenius titulado Oraciones para el creyente en los ángeles, con el que se queda uno totalmente reconfortado, dado que la mejor compañía siempre va con uno mismo, sólo hay que saber ver a tu ángel, a tu vocación, a tu vocare

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2 pensamientos en “Cartas a una soledad

  1. Mítica colección con la que yo también inicie mis lecturas, además de con la colección Bruguera. Los que nos consideramos, modestamente, amigos suyos también le agradecemos que además de recomendarnos interesantes lecturas, regale a algún conocido interesantes libros, a pesar de que el susodicho tenga en vez de cerebro una karraka. Y por cierto este blog es mucho más interesante que otros que pululan por la red que el mismo día y a la misma hora perpetran entradas. Además me alegro de que conserve su primer libro, pero sobre todo su primer amor. Un beso, mamón.

  2. Me gusta ese blog al que se refiere usted. Para el no iniciado puede resultar disparatado, sin embargo la verdad esconde un corazón sensible que sufre en soledad, mientras sainetea con sus damas en busca del amor y de su lugar en el campo.

    Un abrazo.

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