EL viaje que inicia la Navidad

Cuando  era un cándido infante la Navidad llegaba cuando el escaparate de la droguería del barrio sustituía las pinturas, brochas, rodillos y los artículos de limpieza por trenes eléctricos, coches dirigidos, rompecabezas, muñecas y cocinitas. Todavía me recuerdo con el belfo pegado en aquella luna mirando con delectación todas aquellas maravillas que se mostraban ante mí.

Han pasado los años y ahora empiezan con un viaje al Pirineo. La madrugada del viernes al sábado se pasa en el autobús. Dado que nunca se llena, los más avispados nos vamos sentando detrás ocupando dos asientos para poder pasar la noche lo más cómodamente posible.

En cuanto se pone en marcha el autocar a medianoche nos invitan a visualizar una película que siguiendo la norma habitual no tiene ningún interés, pero que nos impide dormir, incluso aunque seas todo lo previsor del mundo y vayas equipado con manta, antifaz e incluso tapones para los oídos. En cualquier caso, si por milagro consigues pegar ojo, cada dos horas se hace una parada para que pueda descansar el conductor, primero en el Baix Ebre y después en Pons para tomar un café con leche con bollería entorno a las cinco de la mañana.

El viaje prosigue por una carretera llena de rotondas, que impide conciliar el sueño por mucho que se intente con algún pensamiento alegre recordando algún instante inolvidable con una persona querida. Y cuando por fin se consigue caer rendido en los brazos de Morfeo, un pequeño frenazo hace que abra los ojos y lo primero que me encuentro ante mí sea la bandera andorrana.

Nada más cruzar la frontera nuestro destino es el primer centro comercial, para ir haciendo tiempo para llegar al check-in, donde lo habitual es comenzar con el clásico e inevitable busque y compare de tabaco, perfumes, licores, champagne, píldoras de sidenafilo, ropa de marca, gafas de sol y cualquier aparato electrónico que se te ocurra relacionado con las tradicionales y las nuevas tecnologías

El primer contacto con el hotel suele ser breve, sólo el imprescindible para dejar el equipaje e ir de inmediato a almorzar a un restaurante famosísimo donde sirven unas enorme bandejas repletas de un jamón tan exquisito, que hace las delicias del paladar más exigente, haciendo que merezca la pena repetir el viaje año tras año.

Y entre compras, circuito termal, y visitas al buffet para reponer fuerzas, pasa el sábado que suele finalizar en algún local de moda, para tomar alguna copa y aprovechamos para  autoconvencernos que todavía nos sentimos jóvenes mientras bailamos alguna irresistible canción.

El fin de semana se hace corto y tras hacer las últimas compras, y  cruzar la frontera sin novedad, nos volvemos a poner en ruta camino de Organyá donde suele haber una feria de embutidos catalanes, donde te invitan a degustar los productos típicos y a regar el gaznate con el contenido de un porrón relleno con un clarete dulce. La mezcla suele ser explosiva.

Y esto es sólo el aperitivo, dado que más adelante nos espera un auténtico menú lleidatà con canelones de carne, mongetes amb botifarra y para rematar crema catalana, que nos ayuda a regresar  con gran sopor dado el cansancio acumulado.

Todos los años se llega a casa con parecida sensación: lo pasamos bien, pero el viaje se hace muy pesado y el año que viene no volvemos. Sin embargo pasan los meses y cuando se acercan estas fechas nos volvemos a subir al bus que nos lleva de viaje a Andorra. El viaje que inicia la Navidad.

ANDORRA

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3 comentarios

  1. Usted como siempre se monta su parafernalia fantasiosa, sagrada y también entrañable para entrar en el periodo prenavideño que anuncia precisamente la Navidad, como usted sabe, este año para mí van a ser especiales, prefiero pensarlo así. En todo caso le deseo que tenga un buen viaje con su Princesa y que disfrute de él, de lo que estoy completamente seguro, viendo como controla, como es habitual en usted los distintos tiempos con enorme maestría. Me temo que cuando vuelva me espera una amplia, minuciosa y brillante disertación sobre este viaje. Un beso Viejo Lobo.

  2. Sus Navidades van a ser especiales, católicas e indelebles. No las deje pasar sin disfrutarlas. Sí, tiene usted razón, a la vuelta le contaré todas mis impresiones, sensaciones, anhelos y desengaños. Afortunadamente cuento con su infinita, preciada y amable paciencia. Usted nunca falla.

    Un abrazo.

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