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A Don Francisco Umbral el gran público le recuerda sobre todo por aquel supuesto exabrupto en un programa de televisión en el que reivindicó su papel de creador, artista, escritor y sobre todo de prosista, nunca de poeta. El gran Umbral nunca presumió de nada en lo que no fuera una eminencia. Quién no ha escrito unos versos de amor a alguna antigua novia. Es la suerte de los enamorados. Uno se atreve con todo, creyéndose el más osado, valiente y audaz de los vates. Dándole la razón, ser poeta de verdad, es otra cosa. Y aunque algunos prosistas llegan a ser tan sugerentes, cautivadores, extraordinarios, tan melódicos y seductores que escriben lo que podríamos calificar de  prosa poética, un prosista tampoco es un poeta. Los poetas crean y recrean otra cosa: un cielo estrellado o un valle de lágrimas, un viento agitando las olas o un desgarro interior, la esperanzadora primavera que se impone al letargo invernal o la rojiza melancolía otoñal que  nos hace rememorar con tristeza la pasión perdida del verano y de otras épocas. El amor y el dolor, con la ausencia de aquél.

Recientemente el escritor y crítico literario Juan Cruz dedicó su comentario en un informativo radiofónico de máxima audiencia a Francisco Umbral, y no lo hizo del conjunto de su obra narrativa, ni de la periodística, ni de la de cronista de la segunda mitad del siglo XX y comienzos del XXI, ni siquiera de su dandismo, ni de glosador de varias generaciones literarias anteriores y posteriores a la suya, ni siquiera de todos los premios recibidos: El Nadal, El Cuco Cerecedo, el Mariano de Cavia, El César González Ruano, El Príncipe de Asturias o El Cervantes, por citar los más importantes. El canario universal homenajeó al Maestro recordando aquello que reivindicó y que casi nadie entendió: El programa se está acabando y hemos hablado de otros temas, pero yo he venido aquí a hablar de mi libro.  De qué si no iba a hablar un artista sino de su obra y en concreto de la última. La sensibilidad del país no da para más y la inmensa mayoría se quedó con la anécdota. Afortunadamente algunos entendieron el gesto y eso nos renueva la esperanza.

Gracias a Juan Cruz por este detalle que nunca olvidaremos y a Don Francisco Umbral por toda su obra, y sobre todo por querer hablarnos de sus maravillosos libros.

Gracias desde la guarida.

la guarida

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3 pensamientos en “Desde la guarida

  1. algunos, sin ser poetas, nos acostumbraron a observar un cielo estrellado o un mar en calma. Disfrute la incipiente primavera y sus maravillosas flores.

    • Es lo bueno que tienen los prosistas, sirven tanto para un roto como para un descosido. Disfrute la venidera primavera cuidando de su jardín, sobre todo de las margaritas. Dicen los poetas que deshojándolas se tonifica la voluntad y se renueva la esperanza. Puede que estén en lo cierto.

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