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Lo más gratificante de la libertad de pensamiento es que cada cual puede hacerlo a su también libre albedrío. Nada de proclamas únicas que recuerdan a esos “ismos” tan vergonzantes, trasnochados y tan actuales como fascismo y comunismo, sin atreverme a calificar qué rebelión de las masas es peor. Para Ortega se es igual de imbécil proclamándose de izquierdas o de derechas. Yo sin embargo sigo siendo de mi equipo y de mi músico favorito, uno blanco como el merengue y otro negro como un tizón. Los únicos Ismos que me interesan son los que escribió  Ramón Gómez de la Serna y los de Guillermo de Torre en sus Literaturas Europeas de Vanguardia.

El aviador y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry debe su fama a un librito, en principio catalogado de “para niños” titulado El Principito (Le Petit Prince, 1943), sobre el que no hay disputas, nuestro principito vive en un pequeño planeta e intenta mostrarnos a todos: niños y adultos, que un mundo mejor es posible y que está en este, aunque lamentablemente casi ninguno de los terrícolas nos demos cuenta de ello.

Sin embargo con otra conocida novela suya, Vuelo Nocturno (Vol de Nuit, 1931) no se encuentra tanta unanimidad. Si se lee una reseña del mismo y sin ánimo de destriparlo, nos cuentan que se trata de un libro de aventuras de pilotos convertidos en héroes modernos intentando cumplir con su trabajo y su misión, vadeando las nefastas circunstancias, incluso poniendo en riesgo su vida, como Aquiles dejando el gineceo yendo a Troya a salvar a los aqueos y probablemente a Occidente, cumpliendo con su destino mortal. Bonita epopeya, pero trágica, supongo para dar dramatismo a la acción.

La leí hace mucho tiempo cuando se tiene la edad de estar interesado en este género novelesco, y ya entonces con temprana edad me di cuenta que Vuelo nocturno es una novela de amor. Un amor silencioso, si se quiere. De ese que te dice: ama pero no se lo digas. Disfruta de él, pero mantenlo en secreto. Un amor puro, sin contaminar.

Y más adelante llegaron las lecturas de Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX junto con Wittgenstein, para aclararlo definitivamente y advertirnos refiriéndose  tanto  al amor como el pensamiento, que hacer uso de él, “permitía entrar en la proximidad de la distancia”. Esto sí es una preciosa y a la vez desconcertante  paradoja: más cerca cuanto más lejos.

Vuelo Nocturno

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2 pensamientos en “Vuelo nocturno

  1. Me alegro que finalmente haya caído en la tentación . Le agradezco que haya despertado en mi el deseo de leer “La rebelión de las masas”, de mi admirado Ortega, aunque sólo sea por compartir cierta misantropía y también “Vuelo nocturno”. Estoy de acuerdo con usted en que el Mundo es un lugar donde se podría ser feliz, yo por lo menos lo soy, lo único malo, es que hay que gente que no opina así, y encima son mayoría. Pero eso da lo mismo. Un beso señor Aspirante.

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