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He estado en Pamplona y aunque no todo es San Fermín, la ciudad está marcada por el archiconocido  encierro. Es difícil resistirse y no hacer a pie el recorrido del mismo preferentemente andando. Corriendo, sin toros que te quieran envestir haciéndose paso, no tendría ninguna gracia.

Cuando uno se dirige por la cuesta de Santo Domingo hacia los corrales  se encuentra con la hornacina que contiene una figura casi diminuta del Santo, donde ya los turistas se agolpan para hacerse la foto de rigor,  es el lugar donde los mozos se reúnen unos minutos antes para pedir a  su patrón les guíe en el encierro dándoles su bendición. Pero la carrera delante del ganado no comienza allí sino unos metros más abajo, en corrales improvisados que en realidad el resto del año es un aparcadero de zona azul. (Decepción parecida a la sufrida en Valderas (León), en busca del cacareado coso natural y lo que el visitante se encuentra es un corral de gallinas, nunca mejor dicho) El espacio es minúsculo para albergar a 6 toros bravos y los 8 cabestros que los acompañan. No me extraña que salgan auténticamente encabritados, a pesar de su peso, con la aviesa intención de cornear a cualquiera que les interrumpa el paso.

El encierro comienza con un chupinazo que se lanza cuando el reloj de la iglesia de San Saturnino, ubicada muy cerca de la Casa Consistorial, marca las 8 en punto todas las mañanas del 7 al 14 de julio. Ahí radica la sorpresa para muchos  y es que San Fermín no es el patrón de Pamplona, sino San Saturnino, cuya festividad se celebra el 29 de Noviembre.

El recorrido empieza en  la citada cuesta de Santo Domingo, la Plaza del Ayuntamiento, La Calle Estafeta y la de Mercaderes, el paso por Telefónica, hasta llegar a la plaza de toros en 825 metros. En principio aunque el recorrido está lleno de gente se puede hacer sin dificultad.  Al llegar a la esquina de Estafeta con Mercaderes, una conocida casa de camisetas, te invita a vivir el encierro, con la seductora oferta que te permite elegir si hacerlo de  corredor o de cornúpeta. Y los problemas ya empiezan en Mercaderes, sobre todo si es jueves por la tarde en el que se celebra el clásico pote-pincho, dado el gran número de personal que disfruta de su bebida con su tapa favorita, nos dificulta nuestra ruta. Y es el momento en el que se hace irresistible no unirse a ellos. El tramo de Telefónica es muy corto y casi nadie lo hace porque desde allí se ve la  plaza de toros. Y a la izquierda de la entrada del callejón  está la estatua que recuerda la figura de Hemingway, erigida por el Ayuntamiento en 1968, en reconocimiento al Nobel de literatura por su promoción mundial de la ciudad. Aunque da un poco de tristeza ver el recorrido lleno feligreses  en torno a los bares y la estatua en la más absoluta soledad. IMG-20140821.JPG

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Un pensamiento en “Escritor rodeado de astados

  1. Mejor hacer el susodicho recorrido sin astados. Como siempre, ha aprovechado usted las vacaciones, se de buena tinta que mi compañía se ha echado de menos , pero ya sabe mis obligaciones profesionales me lo han impedido, estoy seguro que usted y los suyos me sabrán disculpar. Igual este invierno hago parte de la misma ruta, eso si aún con más tranquilidad. Saludos y¡¡ARRIBA ESPAÑA!!.

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