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Praga y Lisboa 2014 465

Toda ciudad que se precie tiene su poeta. Granada tiene a Luis García Montero, Cuenca a Federico Muelas, y Lisboa vive del recuerdo de Fernando Pessoa. Al igual que el bus número 27, cruza Madrid, largas calles con cielo gris, que cantaba la Romantica Banda Local, Lisboa tiene el tranvía 28 que se dirige al Barrio de Alfama, pasando por la Plaza del Comercio, La Catedral, el Castillo de San Jorge, haciendo las delicias de los turistas, subiendo esas cuestas imposibles.

El barrio más céntrico es Chiado. En la Calle Garret, está el café A Brasileira, el más antiguo de Lisboa y en una de sus mesas, en la terraza, está siempre Pessoa inmortalizado, para quien quiera se siente con él a compartir un café y a leer sus poemas.

Muchos escritores  han publicado,  por diferentes motivos, bajo seudónimo, por buscar un nombre más comercial, más pegadizo  (Molière, Stendhal, Umbral); otros para ocultar su verdadera identidad, este solía ser el caso de las mujeres, casi habitual, intentando evitar la discriminación por género (Fernán Caballero, George Sand), y por motivos todavía más inextricables como es el reciente caso de la escritora Amy Martin.

Lo de Pessoa es distinto, no utilizaba seudónimo, lo suyo eran heterónimos, poetas con su su propia obra y personalidad, que llegaban a escribir críticas unos de las obras de otros. Los más conocidos heterónimos de nuestro poeta lisboeta son Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis. Todos ellos tenían fecha de nacimiento y de muerte excepto el último citado, circunstancia que aprovechó el inolvidable José Saramago para intitular una de sus novelas El año de la muerte de Ricardo Reis.

Aunque no los he contado, Pessoa tenía un total de 72 heterónimos. Uno de ellos Bernardo Soares se le considera un semi-heterónimo por tener muchos rasgos de la personalidad de Fernando Pessoa y no tener fecha de nacimiento. Es el autor de uno de los libros de poemas cumbre de nuestro autor: El libro del Desasosiego.

Si se va a Lisboa son imprescindibles las vistas a Belem, su famosa Torre, el Monumento de los Descubrimientos, el Monasterio de los Jerónimos (donde está enterrado nuestro poeta), y la famosa pastelería con sus deliciosos pasteis de nata, que en realidad son de crema, pero que están extraodinarios, con un golpe de canela.

A Lisboa se la conoce Por la Ciudad de la Luz, porque el sol brilla de una forma especial; pero podría serlo también por la ciudad de la música. Es imposible pasear por el Barrio Alto sin escuchar a los cantantes de fado que hacen las delicias de propios y extraños o de los músicos y bandas de jazz que tocan en la calle o en locales de copas y restaurantes.

Pero como no sólo de Poesía y de Música vive el hombre y la mujer, lo mejor es dejarse atrapar por la gastronomía portuguesa, cuyo bacalao, que se prepara de miles de maneras diferentes, resulta exquisito y sus mariscos vivos que se condimentan al momento satisfacen los paladares más exigentes. Recomendaré un par de restaurantes: La Cervecería de La Trinidade en Chiado y el Pinoquio en La Plaza Restauradores, la marisquería más nombrada de Lisboa, en la que no pedirse una sapateira no es un delito, pero sí un  auténtico pecado.

Y para acabar nada mejor que un poema:

El poeta es un fingidor.

Finge tan completamente

Que llega a fingir que es dolor

El dolor que de veras siente.

Fernando Pessoa/Bernardo Soares; Autopsicografía; 1 de abril de 1931.

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4 pensamientos en “Heteronimia manifiesta

  1. Como siempre interesante reflexión de su viaje a Lisboa. Me atrae ese Universo heterónimo, con diversidad de personajes o personalidades en la que uno puede proyectar aquello que no fue, que no querría ser, que querría ser y el que es. Emocionante justa de egos, que desde luego caracteriza a personajes o personajillos tan cercanos a nosotros, inescrutables, complicados e incluso en algún caso entrañables. Permítame aceptarlos a todos, porque como dice el Maestro Boadella, que sería yo sin mis contradicciones. Un abrazo garañón en celo.

    • Indudablemente la heteronimia da mucho juego y aumenta las posibilidades de diversión, pero deja confundido al compañero. Lo adecuado es aclararse, tener el valor de elegir, como dice Fernando Savater y suerte de no equivocarse.

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