San Juan Nepomuceno

Decía Unamuno que los fantasmas se espantan caminando, y yo camino obsesionado. Obesiones permanentes y otras ocasionales, pero todas son obsesiones. E incluso hay obsesiones permanentes ocasionales. Supongo que venir de Praga, capital de la República Checa, influye en el ánimo. Sorprende que una ciudad que tuvo un guetto judío, que odian todo lo que huele o suena a alemán, con un 80 por ciento de su millón y pico de habitantes agnósticos ( los reformadores husitas hicieron una buena labor), tenga tantos santos católicos por metro cuadrado, cuando el checo no deja de ser un pueblo eslavo, y estos últimos si son creyentes, son heteredóxos, y a pesar de todo se sienta orgullosa de su escritor más universal, que curiosamente era judío, de cultura alemana, que escribía en alemán, y cuyas obras tenían que ser traducidas al checo. No voy a convertir esta entrada en kafkiana. El autor de América, El proceso, El castillo o La Metamorfosis queda para otro momento.

De quien quiero hacerlo  es de San Juan Nepomuceno. Era confesor de Sofía de Bavaria, y se negó a romper el secreto de confesión, lo que desató los celos y la irá de Wenceslao IV rey de Bohemia, que mandó matarlo para posteriormente arrojarlo al río Moldava, desde el Puente de Carlos, allí hay una estatua dedicada a nuestro santo de hoy, y dice la leyenda que si la tocas, vuelves a la ciudad. Estas historias son muy bonitas y muy trágicas a la vez, muy barrocas que diría Umbral, como la vida misma.

Praga nunca decepciona, desde el cielo, subiendo a la torre del reloj astronómico de la Plaza del Ayuntamiento Viejo, desde El Castillo, desde El Metrónomo o desde La Torre de la Pólvora, y de pie en tierra, qué decir de sus miles de cervecerías y breverías, estas últimas que elaboran su propia y exquisita cerveza, U Fleku y Novomestsky Pivovar en mi modesta opinión son las que mejor cerveza fabrican. Y con los pies en el suelo, cuando los santos se van a dormir, el resto de los humanos podemos disfrutar de esa música del demonio  también en los cientos de clubes que la ofrecen, algunos de ellos mientras te tomas una copa como el Reduta en la Avenida Narodni o el Dock  en una de las islas del Moldava, y en otros como Republik Café (antiguo Nimitz Café), en la calle Na Porici, donde puedes cenar mientras una banda de jazz no permite que dejes de llevar el ritmo con los pies. Siempre me quedo con ganas de volver, haya tocado o no a nuestro santo, que guardó los secretos de su señora hasta la muerte, y puede que más allá.

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2 comentarios

  1. Permítame decirle que me he sentido, durante el último año, como un nuevo San Juan Nepomuceno, con toda modestia y a pesar de ser un ateo con minusvalías. En fin felicitarle por sus viajes, y me dicen que le comunique que en su próximo viaje vaya al Museo Calouste Gulbenkian, dicha recomendación me le hace una persona que tuvo a bien regalarle un libro de Umbral. ¡VIVA EL REY! Y ¡¡ARRIBA ESPAÑA!!

  2. Sin que sirva de precedente, tengo que darle la razón. Yo ya sabía que usted tiene algo de santo, con deficiencias, pero santo al fin y al cabo.

    Gracias por la recomendación a quien toca. No sé si usted conoce que a Umbral lo echaron del desaparecido diario Ya, por publicar El Giocondo, novela en la que describe con maestría el ambiente de los prímula en el Madrid de los primeros 70´s.

    Y tampoco sé si Enrique Jardiel Poncela acertó cuando apuntaba que “viajar es imprescindible y la sed de viaje un síntoma neto de inteligencia”, pero lo que si le puedo asegurar es que es divertidísimo y a la vez agotador.

    Un abrazo.

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