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a E.L.Gil

España, esta España mía, esta España nuestra, que cantaba la inolvidable Cecilia es un país sectario como pocos. No voy a resucitar aquí el mito de las dos Españas, no es conveniente, pero somos un pueblo extremista, cainita e intolerante. No hay debate que lo discuta. No respetamos la opinión ajena y mucho menos la opinión del que no piensa, vive, siente o padece como nosotros. Siempre tenemos razón y los demás, por el contrario, siempre están errados. Con estas premisas tener una convivencia llevadera con nuestros indígenas ,nativos ,congéneres se hace difícil, aunque esperemos que al menos siga siendo incruenta.

Últimamente opinando en público de cualquier cuestión corre uno el riesgo de labrarse una enemistad o un encono. Nada más lejos de mi intención. La mía suele ser socializar, ese verbo que se conjuga tanto y se practica tan poco desgraciadamente. Responder a cualquier pregunta sobre las causas de este pesimismo que nos invade, se convierte en una trampa saducea, como diría el gran artífice de la Transición política española, Don Torquato Fernández Miranda.

Partiendo de estas premisas me permito reivindicar aquí la figura de un prosista de la Generación del 27 ya olvidado por los manuales de historia de la literatura, uno de los máximos exponentes junto con Ramón Gómez de la Serna, de lo que significó la Vanguardia literaria en Europa y en España;y en otras ramas de las artes como la pintura con sus famosos Carteles; y en el cine, donde llegó a ser y director de Esencia de Verbena (1930) y otros filmes, a crear el primer cine Club de España, en el que se proyectó un Perro andaluz de Luis Buñuel. Fue fundador, director, editor y colaborador habitual de la Gaceta Literaria (1927-1932), revista quincenal que contó con las firmas ilustres de Ortega y Gasset, Federico García Lorca, Ramiro Ledesma Ramos, Rafael Alberti, Cesar Muñoz Arconada, Vicente Aleixandre, Benjamín Jarnés, Salvador Dalí, Jorge Guillén, José Bergamín, Pedro Salinas, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rosa Chacel, Gerardo Diego, Juan Aparicio, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, Menéndez Pidal, Américo Castro, Gregorio Marañón, Luis de Araquistain, Max Aub, Corpus Barga…

Nuestro personaje fue sin duda uno de los más inquietos, desconcertantes pero sobre todo fascinantes de su época. Aunque su principal obsesión, políticamente hablando, fue la de encontrar un líder adecuado para llevar los designios del país. En su temprana militancia socialista, ofreció ese papel a Indalecio Prieto; más adelante quiso contar con don Manuel Azaña para ese fin; con su militancia falangista creyó encontrarlo en José Antonio Primo de Rivera; para al final tener que conformarse con el César Visionario.

Esta evolución ideológica ha influido sobremanera en este olvido, que sin duda, no merece un intelectual de su talla. Mi admirado Francisco Umbral, llegó a catalogarlo de “El Groucho Marx del fascismo español” con intención peyorativa, sin embargo Paco en este caso no estuvo acertado dado que el gran Groucho ha sido uno de los genios que ha dado el Siglo XX, es decir, todo un honor para nuestro protagonista de hoy. En la misma línea el historiador británico Paul Preston en uno de sus libros, le califica de “bufón de corte” de Franco, cuando pronunció aquello, tan acertado en mi opinión, “hemos ganado la guerra, ahora tenemos que ganar la paz”

Son las consecuencias que tiene nacer y vivir en un país como el nuestro, en el que no se valora el talento sino el servilismo y la propia filiación, y dependiendo de quién esté en el poder se está más cerca de la fama y del reconocimiento o no. Aunque él ni siquiera tuvo esto último de los propios. Su talante inquieto junto con su comportamiento original fueron demasiado para un Régimen tan anquilosado, caduco, triste y resabiado. Pero para los espíritus libres de prejuicios ideológicos, académicos, intelectuales o de cualquier otro tipo la figura de Ernesto Giménez Caballero siempre será digna de estudio y de admiración. Parafraseando el título de uno de sus libros más significativos, un Genio de España (1932).

ernesto gimenes caballero

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Un pensamiento en “El Robinsón literario español

  1. Completamente de acuerdo con usted. España es un país en donde el sectarismo y la intolerancia, a partes iguales y desiguales hacen que genios como este hayan sido ignorados e incluso ridiculizados por sus ideas políticas. Pero resulta curioso además de descorazonador el ver como los más brillantes intelectuales y pensadores de la historia de España no sólo vivían sino que además compartían tertulias y amistad independientemente de sus filiación ideológica, no pudieron impedir que el pueblo español se enzarzase en una lucha fratricida. Como usted sabe sus descendientes no han aprendido nada y han creado imaginarios enfrentamientos entre personas que a pesar de sus distintas ideas compartían, sin duda alguna, un enorme talento.

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