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El pueblo gallego que es un pueblo sabio, aplica con total fruición aquel dicho que las malas noticias se deben dejar siempre para el final. Incluso a veces, la misma casualidad ayuda también para demorar la mala nueva como puede ser una despedida, en este caso, un adiós voluntario de los lectores.

Debido a mi agitado último fin de semana, la colaboración que busco con avidez y leo con sumo interés cada tres sábados se quedó pendiente hasta hoy. Cuatro días retrasando el anuncio del adiós de una manera involuntaria. Cuatro días más de felicidad, cuatro días más sin sentirme con esa sensación de abandono, en cierto modo, de orfandad.

La lectura de Aquiles en el gineceo fue una revelación. Aquel mensaje que todos tenemos un deber social por cumplir, aunque nos vaya la vida en ello, me ayudó a tomar decisiones para afrontar un reto profesional. Al final no pudo ser, probablemente estoy condenado a permanecer en mi particular gineceo, al remo amarrado, como el galeote de nuestro sublime Luis de Góngora. De todo ello me queda la satisfacción de haberlo intentado. Y a la vez encontré nuevos motivos para canalizar las inquietudes emocionales y de alimentar mi espíritu inquieto, irreverente e inconformista, acercándome al abismo de la irrealidad, qué sorprendentemente da más equilibrio que la tierra firme de este mundo tangible.

El sábado anunciaste que te marchabas, que dejabas de escribir, agradeciendo a legión de lectores nuestra atención, para dedicarte a escuchar demoradamente el rumor del corazón. Estoy seguro que te dirá cosas maravillosas que tendrán que ver con la certeza o la incertidumbre, eso qué más da, que notamos aquí abajo cuando miramos la luna en una noche de verano. Estremecernos nos hace sentir vivos, ya sea admirando un cuadro, leyendo un poema, cuidando el jardín, percibiendo la mano o la ausencia de la persona a quien amamos.

Te echaré de menos. Tu Todo a mil cada veintiún días, tus reflexiones de Filosofía mundana, hacían que ese fin de semana fuera algo más llevadero, como lo hacen un beso, una caricia o una sonrisa. Todo lo bueno se acaba y a la vez permanece. Al menos tengo casi todos tus artículos reunidos en libro, que siempre está en mi mesilla, junto con otros muchos.

Ya anunciabas hace poco, que en ocasiones, la mejor opción es escurrir el bulto. Decía Jean Paul Sartre que el hombre está condenado a ser libre, que traducido nos condena eternamente a la búsqueda de la felicidad, aunque no sepamos muy bien en qué consiste esa sensación tan subjetiva.

Qué en esta nueva etapa la encuentres!

Gracias a ti, Javier!

Aquiles en el gineco. Rubens (Museo del Prado-(Madrid)

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2 pensamientos en “Unos vuelven otros se van

  1. Estimado señor aspirante, alguien como usted, inquieto y vital en todos los aspectos de la vida y también en el sentido más honorable de la expresión siempre tendrá algo y alguien que le estremezca, que le emocione, que le alegre, por eso es usted diferente a la mayoría de la gente que le rodeamos. Un beso señor Aspirante ¡Salud y República!….¡ARRIBA ESPAÑA!

  2. “Afirmaba Pavese que la poesía es una forma de defensa contra las ofensas de la vida y ese es para mí un veredicto inapelable. Siempre hay que defenderse con la palabra de quienes pretenden
    quitárnosla. Siempre hay que esgrimir esa palabra contra los desahucios de la razón”, Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012

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