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Estaba  enredando con el ordenador, pero sin un hálito de inspiración que llevarme a la boca. Y eso que este mediodía de sábado suele ser el preferido en casa para hacer una excursión, alguna milla más con el Golfo y sobre todo comer fuera, y si es posible  viandas  un poquito más especiales de lo  habitual. Hoy ha sido uno de esos días.

Afortunadamente  no hacemos ningún caso a los pronósticos del tiempo, no suelen acertar ni una. Gota fría; no cae una gota. Nublado y sale un día espectacularmente soleado. Este último era el pronóstico para hoy. Pero dado que nunca perdemos la esperanza, la suerte y el tiempo nos ha sonreído y haciendo caso a Miguel Ríos en su canción El blues del autobús, cuando canta siempre miro hacia el Sur. Hacía allí nos hemos dirigido.

El Sur significa una calita rodeada de palmeras y un mar azul de aguas transparentes, que hoy nos ha obsequiado con una calma poco corriente en esta época del año. Daban ganas de abandonar el paseo y bañarse para sentirse rodeado y acogido por él. Y mientras abriendo el apetito para lo que venía después.

El restaurante está a escasos cien metros del mar, pero no se ve desde ninguna parte, está a sus espaldas. Los salones son elegantes y típicamente decorados, pero lo que sorprende es su inmensa terraza, que da un lago donde los patos disfrutan de la templanza del clima y las llisas saltan buscando la pureza del aire y la claridad del sol, mientras los comensales gozan de  arroces exquisitos y  postres caseros deliciosos.

Y ya en casa,  con esa mezcolanza de momentos disfrutados y vividos a mediodía, de tribulaciones y ansias de dulzura, cuando mi pareja consultando un libro, que compré hace tiempo sobre remedios naturales para casi todo, me espeta de una manera inopinada: Cariño, la solución para las canas! Y yo sin esperar que me contaran las virtudes de la panacea, contesto, con una expresión a mitad de camino entre la sorpresa y de lucha  contra la corriente: Pero si yo no tengo canas, en todo caso una estela plateada!

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Un pensamiento en “A contracorriente

  1. Por supuesto.A mí me encantan mis canas,aunque mi cabellera está en franca retirada,creo que las sienes blancas dan más empaque y si cabe más estilo a caballeros con un porte tan distinguido y aristocrático,como es su caso y el mio.Además ultimamente,no se que me pasa,que hasta en las fotos salgo bien,sera una de esas escasas y cortas rachas que han salpicado mi vida.Para que se haga una idea como cuando nuestro gran Valencia consiguió el doblete en la temporada 2003-2004,barriendo a esos dos equipos de medio pelo llamados R.Madrid y F.C Barcelona.En fin ¡ARRIBA ESPAÑA!.

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