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Siempre he pensado que la gracia de conocer gente, personas nuevas radica en el diferente punto de vista que puede aportarnos. Solemos tener ideas y convicciones fijas que creemos verdaderas, y esa creencia suele a veces llevarnos al cerrilismo cognitivo e intelectual, que es la corriente que más se impone en estos primeros años del Siglo XXI, y para combatirlo, me refiero al cerrilismo, no hay nada mejor que rodearse de gente con opiniones en muchos casos totalmente opuestas a las nuestras.

A lo largo de la historia la transmisión del conocimiento se ha producido como una herencia de generación en generación, con la cadena de maestro-discípulo que a su vez se convierte en maestro de nuevos discípulos. Pero los tiempos no están cambiando como cantaba Dylan, sino que han cambiado ya.

No hace falta que nadie nos diga que todos los seres humanos somos iguales, lo somos aunque en la práctica no tengamos esa sensación. Y ya que por fin hemos llegado a interiorizar lo de la igualdad, lo más adecuado es tratarnos unos a otro por iguales, creando unas relaciones interpersonales en las que todos cooperemos en el desarrollo de las inquietudes de los que nos rodean, aportando cada uno su experiencia en cada situación.

Y dado que todos podemos aprender de otros y nosotros mismos podemos también aportar a su vez cosas valiosas a los demás, lo mejor para enriquecerse es relacionarse con personas con opiniones y actitudes vitales contrarias a la nuestra, que nos aporten un punto de vista distinto, dado que creerse en posesión de la verdad sea probablemente la pose más aburrida. Y sin llegar al socrático, sólo sé que no sé nada, al menos sí dejar un margen a la posibilidad que aunque estemos convencidos de algo, puede que no estemos totalmente en lo cierto.

Y como esto de vivir y conocer no deja de ser un juego, y no hay juego más divertido que hacer teatro, no hay obra más recomendable que Así es (si así os parece) del dramaturgo italiano y premio Nobel de 1934 Pier Luigi Pirandello, en la que sin dejar de entretenernos y jugar con la realidad y la imaginación, nos advierte de lo peligroso que puede resultar, incluso para nosotros mismos, creernos en posesión de la verdad. Peligroso y aburrido.

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Un pensamiento en “Peligroso y aburrido

  1. Mire usted,yo desde luego no creo en esa tontería de que cuanto más conozco a las personas más quiero a los animales.Porque evidentemente el desprecio o repulsión que pueda sentir contra un ser humano no lo sentiré en la vida contra un animal.De el mismo modo,el afecto o el amor que sienta por una persona tampoco lo sentiré nunca por un animal .Pero desde luego conforme van pasando los años,no me interesa en absoluto el punto de vista de la mayoría de la gente,en todo caso el de cierta gente que me aporta cosas,aunque esté en las antípodas de mis ideas.Como dijo el gran político Sánchez Guerra,”si me considero valgo poco,pero mucho si me comparo”.

    Como usted sabe perfectamente a grandes rasgos el mundo es una mierda,porque la gente es una mierda o digamos que es manifiestamente mejorable (me gustaría tener un verbo florido como el suyo,pero de donde no hay,como es mi caso,no se puede sacar).Hay poca gente de la que aprender,o digamos que cada vez hay menos,pero afortunadamente esos pocos brillan todavía más si tienes la oportunidad de conocerlos como es su caso.¡ARRIBA ESPAÑA!.

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