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Es una ciudad que no sorprende por su belleza cuando llegas, no es un amor a primera vista, el tiempo no ayuda a ello, casi siempre nublado y en muchas ocasiones lloviendo incluso en verano; pero poco a poco, esas casas georgianas y victorianas de tres alturas, con sus puertas de entrada de colores, la amabilidad de sus habitantes, la cerveza negra tostada, que en ningún otro lugar del mundo sabe también cómo allí, el recuerdo a todos sus escritores famosos que nacieron o vivieron en ella: James Joyce, Yeats, Samuel Beckett, Bernard Shaw, Jonathan Swift, entre otros, los músicos callejeros, y los bares y pubs con música tradicional irlandesa toda la noche, la mayoría de ellos entorno a Temple Bar, dónde no encontrar un local a tú gusto resulta imposible, porque todos son fantásticos, van seduciéndote el corazón y alimentándote el espíritu.

Y sí, es cierto insisto, la ciudad no enamora a primera vista; pero luego cuando la dejas no te la puedes quitar de la cabeza. Y menos después de visitar el Gravity Bar de la Guinness Storehouse, dónde la vista de la ciudad abarca los 360º, qué mejor momento de degustar una Guinness, tirada en el lugar más adecuado, disfrutando de la mejor panorámica de la ciudad al lado del Lifey.

Alguien dijo que una imagen vale más que mil palabras; pero a veces una única frase es capaz de resumir y compendiar toda la existencia. Y creo que mi viaje a Dublín se puede resumir en una frase del genial, maravilloso y de talento inimitable Oscar Wilde, una de las personas con más sensibilidad que hayan pisado este asqueroso mundo, quién nos enseñó a vivir buscando la belleza incluso desde la inmundicia.

Su célebre cita dice así: We all are in the gutter, but some of us are looking at the stars/ Todos vivimos en una cloaca, pero algunos de nosotros miramos a las estrellas. Es justo lo que intento hacer todos los días de mi vida: mirar estrellas, desde dónde me encuentre.

Pero cómo acostumbro a pensar en casi todo, y escrutar, e incluso disfrutar con la búsqueda de las diferentes perspectivas que nos ofrecen las cosas, también reconozco que a veces hay personas, imágines, circunstancias o en este caso paisajes que nos dejan sin palabras. En Irlanda me sucedió en los Acantilados de Moher/Cliffs of Moher. A pesar de ser un lugar muy visionado en guías, en documentales de televisión y varias películas, una de ella del genial David Lean, La Hija de Ryan/ Ryan´s daugther, cuando se llega la belleza natural del lugar sobrecoge y no se sabe muy bien dónde mirar, para no perderse absolutamente nada.

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Un pensamiento en “Pasaporte a Dublín

  1. Me alegro de que se lo haya pasado bien en este viaje.Yo,ya sabe,soy más del Sur,me atrae más Italia,pero aún así no dejo de admirar esos paisajes de las costas británicas.Afortunadamente algunos aún seguimos mirando a las estrellas,porque estas existen, aunque sean inalcanzables.En fin aquí le esperamos los amigos con los brazos abiertos.¡ARRIBA ESPAÑA!.

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