Tenías que llamarte Robert

No sé lo que me ocurre con  ciertos nombres, pero mucha gente que admiro e incluso quiero, tienen el mismo nombre de cuna.  Robert Dean, magnífico profesor nativo de inglés y todo un caballero; Robert Louis Stevenson, extraordinario novelista escocés de frágil salud, pero de sensibilidad admirable; Robert Johnson, centenario, compositor, guitarrista y blues singer, mi admiración hacia él es infinita; Robert López Orellana, probablemente posee una de las conversaciones más interesantes de las que se pueda disfrutar, a pesar de sus escasos 8 años de edad, un beso Roberto, te quiero; y Robert King músico,  erudito, el director más brillante de su generación  y fundador de una de las principales orquestas de instrumentos originales de Gran Bretaña, The King´s Consort.

El 2 de Noviembre de 2000 junto con mi familia y un amigo, mucho más melómano que yo, y con muchísimo mejor gusto y oído, tuvimos la suerte de disfrutar de un concierto de The King´s Consort acompañado por el famoso y reconocido contratenor James Bowman y dirigidos por el ya citado Robert King,  en el Salón Alfonso el Magnánimo del Centro Cultural de la Beneficencia dentro del II Festival de Música Antigua de Valencia.

El programa llevaba por título “The rapture soul”, integrado por obras de Pelham Humfrey, John Blow, Haendel y Purcell. El concierto fue sublime ante un público algo profano que aplaudía en cada silencio entre parte y parte de una misma obra y el gran Robert King tuvo el maravilloso detalle de explicarnos que la siguiente pieza constaba de cuatro partes, supongo  para evitar las interrupciones de un público tan entregado como ignorante.

Las interpretaciones de James Bowman fueron absolutamente geniales, sólo que el timbre de su voz cambió tras el intermedio, lo que a mi amigo y a mí nos llevo a especular sobre lo que había pasado en el backstage durante el descanso. Y conociendo la fama de libertino de mister Bowman, no se nos ocurrió otra cosa que justificar el cambio de timbre de su voz con una satisfacción conseguida en una relación relámpago con una  de las dos concertistas. Aunque no fuimos capaces de discernir si con la violín, o la viola.

Tras unos años tan duros, este es sólo un pequeño homenaje a un artista y un hombre excepcional como Robert King, uno de los pocos que todavía consigue emocionarme. Tenías que llamarte Robert.

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