To be or not to be

Esta frase de William Shakespeare es probablemente la más famosa de la literatura universal. Aunque también es una película del auténticamente genial Ernest Lubisch, donde se representa la obra en un tono de burla contra los nazis, que recuerda a la chanza contra los caciques poderosos que hacen los hermanos Marx en Go West (Los hermanos Marx en el Oeste). Es difícil encontrar dos películas que hagan más frente a la autoridad impuesta y lo hacen con ese arma tan inofensiva, pero tan contundente a la vez, como es el humor.

Hamlet no va precisamente de humor, el personaje heredero a la corona danesa se enfrenta al gran dilema: seguir siendo un pusilánime y no hacer frente a lo que le rodea; o asumir su propio destino, aunque este sea la muerte. Este mito recuerda al destino de Aquiles, que refugiado en el gineceo donde lo había escondido su madre, para que no fuera a luchar a la guerra de Troya, dado que un oráculo había pronosticado que su participación en ella supondría el fin de los días del héroe, expoleado con un ardid de Ulises, afronta su trágico final en beneficio de la comunidad.

No quiero hacer una cuestión de vida o muerte una dieta para perder algo de peso. Lo cierto es que llevo algunos  días cuidándome, aunque más de una persona cercana no esté muy segura de ello. Sucede que me resulta difícil renunciar a algunas cosas. Ayer decidí echar un candado imaginario a la vitrina en la que tengo algunos de los mejores whiskies del mundo pero, lo hice después de haberme tomado uno, aunque sólo fuera un pequeño chupito.

Hoy después de comer, he estado tentado de tomarme otro y he tenido que acordarme de la frase que sir William pone en boca del príncipe Hamlet, To be or not be, para que me ayudara a tomar la decisión más adecuada. Que afortunadamente ha sido: To be. Y primera prueba superada.

Recurrir a los clásicos nunca falla. Que yo recomiende aquí la lectura de Hamlet puede resultar ridículo, como resultaría recomendar cualquier clásico. Pero sí me atrevo a recomendar la lectura de un moderno, como es Aquiles en el Gineceo de, uno de mis escritores favoritos, Javier Gomá Luzón.

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2 comentarios

  1. A pesar de que nuestro común amigo del francotirador ya no nos acompaña como en aquellos memorables cubateos semanales,creo que de vez en cuando no viene mal una copichuela.Y no haga caso al francotirador,¡vaya elemento!,ha pasado de beberse hasta el agua de los floreros a tomar sólo agua sin gas.

  2. Aquel ataque de sensatez le está echando a perder. Yo también voy camino de ello, lástima. Son las consecuencias lógicas de aceptar las normas que otros pusieron por nosotros. Espero que mi ataque de hiperrealidad termine pronto.

    Estoy leyendo los poemas de amor de Dylan Thomas, curiosamente a pesar de su alcoholismo que en un proceso de autodestrucción le llevo a la muerte con 39 años, sólo hablan de pasión, lo único que merece la pena de este asqueroso mundo. O quizá estuviera equivocado y por lo que merece la pena luchar es por la aburrida sensatez.

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