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Aunque el gran folklorista Alan Lomax, quien recorrió en los años 30 del pasado siglo acompañando de su padre todo el sur de Estados Unidos, con la ingente labor de recuperar y conservar la música más genuinamente americana, encomendada por la Biblioteca del Congreso, bautizó a Mississippí, como The land where the blues began (La tierra donde comenzó el blues), para muchos músicos y musicólogos el blues tiene sus auténticas raíces en África. Para uno de los más representativos exponentes del género, Corey Harris, no hay duda en este sentido cuando publicó en 2003 su CD titulado Mississippi to Mali, en el que registra canciones de la tradición maliense y curiosamente algunas de ellas recuerdan en su ritmo, temática y estructura a las 29 canciones grabadas por el mítico Robert Johnson en los años 36 y 37.

Pero el blues llegó un momento, en el que se hizo universal y no sólo se puede escuchar en los pubs, bares, clubes de jazz, sino incluso en cualquier escenario callejero de muchas ciudades del mundo.

Una de las ciudades con más ambiente musical de Europa es Praga con su más de 100 clubs de jazz, innumerables salas de conciertos y un sinfín de músicos callejeros que hacen las delicias de indígenas y de turistas. Uno de los lugares más transitados de la ciudad es el Puente de Carlos sobre el río Moldava, allí nos encontramos con más de 30 estatuas de santos, entre las que destaca la de San Juan de Nepomuk. Dice la leyenda que si se pide un deseo mientras se toca la estatua se garantiza la vuelta a la ciudad.

Mastej Ptaszek es uno de los músicos habituales del “puente”, allí se le puede escuchar canciones del más genuino country blues de Robert Jonhson, Bukka White o Elmore James, entre otros, acompañado por una guitarra acústica en un inconfundible estilo slide que haría las delicias del mismísimo Ry Cooder.

Praga tiene múltiples atractivos y yo tengo mis preferidos: las pivobar (cervecerías que elaboran su propia cerveza) elegir entre más de 1500 es dificil pero la que más me gusta es la Nomestky Pivobar; el Dinitz Café, club de jazz situado enfrente del Hotel Mercure en cuyo edificio tuvo su sede la compañía de seguros donde trabajó Franz Kafka durante 16 años. Y mentado al autor de La Metamorfosis no me puedo olvidar del inagotable ambiente cultural del que disfrutó la ciudad en el primer tercio del siglo XX del que quedan huellas indelebles en los barrios del centro y en el Café Arco, donde se reunía el Círculo de Praga (Max Brod, Oskar Baum, Felix Weltsch y Frank Kafka); y el Café Slavia, en sus veladores Milan Kundera se inspiraba contemplado la altivez del castillo, cuya vista domina toda la ciudad.

La urbe enamora visitándola y también leyendo sobre ella. No me resisto en recomendar la lectura de Praga en tiempos de Kafka de Patrizia Runfola, que me hizo llegar una persona maravillosa de espíritu generoso; y para los amantes del blues nada mejor que el citado The Land where the blues began de Alan Lomax, en este caso fue amazon el mensajero.

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