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Es conocida la aversión,  el horror, el pánico que tienen las gentes del teatro al color amarillo. Desde muy temprano en la tradición cristiana existía el rechazo al amarillo  por asociarlo con el color del azufre, sustancia relacionada con el Príncipe de las Tinieblas. Pero entre las bambalinas del mundo de la farándula, la fobia al amarillo surgió cuando Molière,el genial actor y dramaturgo francés se sintió mal, para unos días después fallecer en su casa, cuando vestía de amarillo mientras representaba El enfermo imaginario.  Desde entonces no hay actor, torero, músico o cantante que se suba a un escenario vestido de tal guisa.

Lo anterior no deja de ser una anécdota, una casualidad, una superstición más o menos extendida dentro y fuera del mundo del espectáculo; pero lo que realmente hace extraordinario a Molière es una frase puesta en boca de una damisela casadera, en la primera escena del primer acto de El avaro, en el teatro de la corte de Luis XIV, en un contexto histórico, realmente difícil para los artistas y librepensadores.

Moliére, excepcional maestro en zafarse de la censura, aprovecha esa candidez del diálogo de una joven pareja enamorada, para mostrarnos, al resto de los mortales, dónde reside la única verdad de las relaciones humanas, nada menos que en nuestros actos y acciones, que  nos retratan como personas y seres humanos. La sencillez del texto, no nos impide poder aplicarlo a cualquier ámbito de nuestra vida. En la  que las palabras banas pierden el significado, el significante e incluso su sentido.

Valère

 Ah ! ne me faites pas ce tort, de juger de moi par les autres !

 Soupçonnez-moi de tout, Élise, plutôt que de manquer à ce que je

 vous  dois. Je vous aime trop pour cela ; et mon amour pour vous durera

 autant que ma vie.

 Élise

 Ah ! Valère, chacun tient les mêmes discours ! Tous les hommes sont

 semblables par les paroles ; et ce n’est que les actions qui les

 découvrent différents.

Valère
Ah! No me hagas este agravio, juzgarme a través de los demás!
Sospechad totalmente de mí, Elisa, antes que faltar a lo que yo os
debo. Os amo demasiado para eso; y mi amor hacia vos durará tanto
como mi vida.

Elise
Ah! Valère, todos dicen lo mismo! Todos los hombres se parecen por
sus palabras; y no son sino las acciones las que los descubren diferentes.
 MOLIÈRE.L´AVARE.PARIS 1622-1673
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