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A veces para valorar la belleza de una mujer que pasa a tu lado, después de mirarla, lo más aconsejable es hacerlo también a la cara a los tíos que como tú la han contemplado. El efecto que produce en ellos aquella visión, que queda reflejada en la reacción y gestos de sus rostros y miradas, es de lo más interesante. Y esto se puede implementar a cualquier situación de enredo, como la que describo a continuación.

En aquella época, junto con un grupo de amigos, de los que milagrosamente todavía conservo alguno, éste ya era un pequeño aspirante al “crapulismo” y a la vida licenciosa. Mi especialidad, aunque yo no les preguntaba por el estado civil, mujeres casadas. Lo que me sorprendía, no era que ellas me hicieran caso, era lo celosos que se ponían los maridos. Que un chico joven o muy joven guste a una señora es normal, pero que un señor hecho y derecho se ponga celoso porque un efebo se acerque a su mujer, eso sí merecía la pena. El señor creía que le podían levantar a la señora, se ponía agresivo, y algunas veces no quedaba más remedio que la retirada.

En una ocasión se montó una buena algarada. Era jueves noche y en  un garito de éxito  eran especialistas en organizar fiestas, con bebida sin límite, del tipo: cerveza a gogó, sangría a gogó, whisky a gogó,… y recuerdo que aquella noche tocaba cava a gogó. Las copas de cava eran del estilo del molde del pecho de María Antonieta, que permitían ser apiladas en columna y por consiguiente, sirviendo en la que estaba situada en la cima se servía también a todas las demás: Imagínense dónde acabaron las copas, cuando este meritorio a aspirante, se dio cuenta que era mejor no ser altivo cuando no se podía ser.

Las consecuencias lógicas no tardaron en llegar. La dirección del local nos prohibió la entrada, como si aquello fuera un casino de Las Vegas y nosotros unos jugadores de ventaja que hiciéramos trampa en las mesas de juego, cuando en realidad, no les compensaba tener unos clientes que se bebían hasta el agua de los floreros y no tenían ningún respeto por la cristalería, ni por el resto de la clientela.

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2 pensamientos en “ARGENTINA’78

  1. Mire señor Aspirante,aunque ahora sería honroso para cualquier local honorable contar con su visita,en aquella época entiendo a la perfección que les “invitarán” a abandonarlo,porque y perdone usted la libertad que me tomo,en esos años usted y sus amigos más que aspirantes eran CRAPULAS con mayúsculas,sin duda alguna españoles de bien pero CRAPULAS.

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