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El ex bajista de The Rolling Stones Bill Wylman, banda que abandonó en 1993, en una entrevista, al ser preguntado por su aparente actitud pasiva en los conciertos multitudinarios, dónde el resto del grupo no paraba de moverse por el gigantesco escenario, contestó que disfrutaba muchísimo mirando al público, que se sentía muy importante siendo espectador de tanta gente, y que realmente era el público el actuaba ante él.

Al menos cabe considerar sus palabras como una interesante reflexión: la persona que está arriba del escenario, a la que miles de personas han ido a ver y escuchar, por lo que han pagado, en la mayoría de los casos una importante suma de dinero, se siente una persona privilegiada, pero no por despertar la admiración como músico de una banda de éxito entre sus seguidores; sino porque le resulta fascinante el espectáculo que se muestra ante él, cómo si el auténtico escenario estuviera al otro lado, en el lado del público. Desde luego, cabe considerarlo como un cambio de perspectiva fascinante.

Nuestro admirado clásico castellano, Calderón de la Barca, ya apunta este cambio de perspectiva en su auto sacramental El gran teatro del mundo, donde éste es solamente, o mejor dicho, nada menos, que un gran escenario en el que el propio Autor tiene su papel, e incluso el mismo Apuntador. No nos libramos ninguno.

Dado lo cuál, todos estamos aquí para admirar el gran y maravilloso espectáculo que se muestra ante nosotros y a la vez, para ser admirados, analizados, escudriñados por los demás. De nosotros depende que interpretemos bien nuestro papel y que el personaje que hagamos de nosotros agrade a los demás, las personas que nos rodean, a las que nos quieren, o al menos a nosotros mismos.

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2 pensamientos en “EL TEATRO DE LOS SUEÑOS

  1. Yo prefiero interpretar papeles cuando estoy con gente con quien no tengo vínculos de caracter sentimental (del tipo que sean familiar o más íntimo).Y puesto a interpretar papeles delante de las personas que nos importan que sean solamente para esconder nuestra tristeza nunca nuestra alegría por estar con ellos.En definitiva que nuestros seres queridos nunca paguen nuestro mal humor.

  2. Sr. Francotirador comprendo la buena voluntad que desprende su comentario, pero prefiero no esconder nada y mostrarme triste cuando estoy triste y feliz cuando estoy feliz, creo que no deja de ser un acto de generosidad hacia las personas que se quiere. Sin embargo sí comprendería esconder la tristeza a las personas que nos importan poco o nada. Un abrazo.

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