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Si  vienes conmigo, te enseñaré donde termina el mar, te dije; y tú me enseñaste dónde  empieza el amor.

Ya sabes que mis gustos han sido siempre un poco decadentes, te sorprendiste que un tío tan joven, con estética de cowboy te dijera que escuchaba a Mozart con devoción; bueno sí y también a los Stones, Bowie, Lou Reed, Boy George, Spandau; mi obsesión por Robert vino más tarde, me encanta escudriñar, ya lo sabes, ir a las raíces, a la cuna de las cosas, me gusta encontrar el porqué, y si algo o alguien me interesa me pongo en camino, “Road to the cradle”.

Tú, sin embargo siempre has estado más al día, entonces estabas pendiente de todo lo que venía de El Foro: Gabinete, La Unión, Pedro & Favio… y sobre todo Golpes Bajos, su cantante, Germán Coppini, recuerdo que te volvía loca: “No mires a los ojos de la gente…, quédate a mi lado, no te marches más”  Y aquellas revistas que leías y que todavía conservas: “La Luna”, ”Ajoblanco”, “La bicicleta”, “Triunfo” y tantas otras.

En cuanto a lecturas encontramos enseguida un punto de encuentro. Cuando nos conocimos se acercaba el cinquentenario de la muerte de Valle, y el momento culminante fue cuando vimos el montaje que realizó LLuis Pasqual de “Luces de Bohemia” en el María Guerrero con un extraordinario José María Rodero en el papel de Max Estrella. Nos recuerdo  en aquella segunda fila. Creo que fue la única vez que teniéndote al lado no dejé de mirar a la escena ni un momento, sabía que tú también mirabas en mi misma dirección, te veía a ti sobre el escenario.

Y todo comenzó aquí donde estamos, y se afianzó paseando en invierno por nuestra playa, los dos solos. Recuerdas que siempre buscaba por la arena tesoros que arrojaba el mar, también conoces mi devoción por Stevenson; pero pronto me di cuenta que el tesoro lo tenía, cómo dice Keith: “close to me”.

Qué tristeza cuando acababa el fin de semana, la sensación a las 7 de la mañana del lunes, cuando tú ibas a trabajar pero antes me dejabas en la estación, era de una desazón absoluta. Afortunadamente, pasado un tiempo conseguimos juntar no sólo nuestros corazones sino también nuestras almas. ¡Qué felicidad!

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